domingo, 27 de diciembre de 2015

Nada se pierde







Un cuarto de siglo de poesía ha reunido Jordi Doce en esta antología que con selección suya, y cierta reordenación, más algunas enmiendas y correcciones, acaba de publicar en La Gruta de las Palabras, colección que dirige Fernando Sanmartín para Prensas de la Universidad de Zaragoza.

     Nada se pierde proporciona una magnífica ocasión de acceder por vez primera a la obra poética de Doce, para quien no lo haya hecho. Y hallará a un poeta meditativo (seco a veces) y atento al paisaje, a la vegetación, a la fauna (en particular la ornitología) de tierras que propenden a la bruma y la aspereza. Lector de español que fue en la Universidad de Sheffield, evoca los páramos ingleses, el frío, la lluvia, con el correlato de quien uno se va volviendo, ese espectro, con los años. En el poema que lleva por título el nombre de aquella ciudad, escribe:

Quién regresa, qué buscas 

con inquietud cansada
en las calles sin nadie

si todo prendió fuego,

ardió en la hoguera negra
de la palabra. Llama

que fue deseo, nada

te queda de aquel tiempo:
letra muerta, aridez,

desnutrido fulgor

que los ojos remedan
esperando un sentido.

       La temática de Doce es amplia, como sus tratamientos y las formas de presentarla, que van desde el verso de arte menor (como el de arriba o el de un puñado de haikus) al poema en prosa. Esquivando las celadas que el sentimentalismo tiende al padre poeta, declara en "Sucesión" a la hija: "Desde la fiel evidencia de tu cuerpo, la vida nos revive: el árbol es el fruto de sus frutos."

      Sin alarde culturalista, hay muchos poetas aquí y con diferentes acercamientos: esos dos momentos de la vida (y uno de la muerte) de Sylvia Plath; aletazos explícitos o no del marido, y viudo de esta, Ted Hughes; las dedicatorias; además ecos, maneras de grandes anglolíricos (un poquito de Wordsworth, un ramalazo inconsciente o de honda asimilación de Keats: la lluvia del poema "Tiempo nublado" viene como trasportada de la oda "Al otoño", con ese "hija cortés del bochorno y la bruma" que es a su vez, o a mí me lo parece, vástago de "Season of mists and mellow fruitfulness, / Close bosom-friend of the maturing sun"). 
     "El paseo" es un largo, magnífico poema, dedicado al hispanista James Valender; un texto que, como su título, invita a ser recorrido, incluso más de una vez. Se trata de una composición enormemente cernudiana (y wordsworthiana) ya desde el primer verso, ese "Arrecia en mí la vida con la primeras sombras."
     Publicado ya cuando el año toca a su fin, Nada se pierde es uno de los mejores libros de poesía de los doce meses pasados. "Soy un puñado de ceniza que espera un viento favorable", leemos muy cerca del final de este volumen. Estoy de suerte: hoy el aura lo ha traído a mi biblioteca.